Talento y libertad

Noticia de Madridiario.es – 08/05/2017

Con mirada inquietate, directa y, en ocasiones, desafiante. Así descubrimos, en plena vorágine en su taller, al escultor José Miguel Utande. Rodeado de creaciones y diferentes expresiones artísticas, levanta la mirada para interiorizar el trabajo que está realizando mientras observa la ciudad de Madrid a lo lejos, desde una colina de San Sebastián de los Reyes, donde vive junto a sus obras. Una mirada intensa no sólo a la ciudad, sino a todo lo que rodea su existencia y que plasma en cada una de las esculturas creadas a lo largo de su dilatada trayectoria profesional.

José Miguel Utande, nacido en San Sebastián de los Reyes en 1951, es un escultor cincelado por la poesía. Cuando habla de poetas, como César Vallejo, se percibe cómo el verso esculpe su pensamiento y lanza palabras como flechas contra el entendimiento: “No busco equilibrios, ni espacios efímeros, ni, menos aún, gustar”. Así se muestra el escultor, tal cual es. Es un artista libre, independiente, que no acepta ataduras pero que se compromete con aquello que le remueve por dentro.

Y entre sus compromisos figura uno que ha mantenido a lo largo del tiempo: crear cada año una obra diferente para entregar a los galardonados en los Premios Madrid. Una escultura en bronce que, en cada edición, sorprende por su originalidad y formas que se someten a diversas interpretaciones.

“Mi vinculación con los premios llega a la vuelta de mi estancia en París. Apostamos por una obra de arte diferente para cada edición”, recuerda el artista. Unas creaciones llenas de vida, de sentimientos y de meditaciones profundas del alma de las que se siente muy satisfecho y que ya forman parte de su trayectoria. “Significan un doble reconocimiento social y ciudadano a toda la labor ejercida por los galardonados, y es importante que sea con una obra de arte y no con un trofeo”.

Atrás quedó, pero siempre en el recuerdo, una intensa actividad en la capital francesa, donde de manera permanente expuso piezas altamente cotizadas. “Lo tenía todo hecho”, explica Utande, cuando tomó la decisión de volver a España para continuar con su talento creador marcado por sus sueños y obsesiones y alejado, ante todo, de las tramas comerciales y de las ataduras.

Utande vive para la escultura, además de sentir verdadera pasión por la poesía sin olvidar su etapa como profesional de la Sanidad pública. Una dedicación muy apegada a la realidad y a la vida cotidiana, que también marcó la existencia del escultor. “Es en la escultura donde me encuentro conmigo mismo. Es un acto de mucha reflexión con ideas creadas por uno mismo”. Así de claro lo tiene el artista cada vez que se enfrenta a una de sus nuevas creaciones, a las que siempre dota de múltiples lenguajes.

Y en su bagaje, aprendió a no pensar si su manera de trabajar era aceptada por los demás, porque, según afirma con rotundidad: “El arte no se entiende, te gusta o no”. Y en ese universo, la escultura, añade: “Está ahí con toda su serenidad, lo único que dice es que está ocupando un espacio con una forma”. Y es ahí donde “te emocionas o te destrozas” cuando la mirada choca con la creación escultórica.

Aun así, el artista no niega que se siente pleno cuando sus obras despiertan sentimientos y emociones, ya sean contradictorios o apacibles. “El alimento espiritual del artista es la vanidad, pero depende de cómo se emplee. La que persigue el dinero es más despreciable que la que persigue la gloria”.

Todas sus obras tienen en común la búsqueda constante del ser humano, tanto el propio como el de los que le rodean. Y casi todo lo expresa en bronce, un vehículo que combina con rugosidades, brillos, punteados o huellas para conseguir dimensiones, algunas armónicas y otras más destructivas.

Pero Utande mira a la ciudad con otros ojos, los del artista que quiere embellecer sus espacios y el escenario en el que nos movemos para crear un urbanismo diferente. En San Sebastián de los Reyes, una alegoría a la libertad preside el Paseo de Europa. La pieza, en bronce y de 200 kilos de peso, se enmarca dentro de su obra monumental, al estilo de la que tiene el autor en el Parque Juan Carlos I en el Campo de las Naciones bajo el nombre de ‘Sin título’. Pero no son las únicas muestras de creaciones urbanas: en el parque de Pradolongo, en Usera, también se alza una robusta e impactante obra. Quizás son las piezas más clásicas y líricas del autor que perdurarán en el tiempo porque forman parte de un paisaje que es eterno. “Es crear belleza, expandirla y ocupar espacio con ella”.

Las ‘Meninas’ es otra historia. Una de sus creaciones rompedoras, originales y poéticas, construidas en base a la fusión de moldes inservibles como también ocurre con ‘Casquerías’, supone una expresión del dolor que “no se puede explicar y que sólo uno entiende cuando maneja el material”.

En definitiva, José Miguel Utande propone un cambio de mirada. No sólo hay que convertir los pensamientos y sueños en materia. Es necesario enfrentarlos al mundo en que se vive haciendo partícipe a la sociedad, la única que tiene la llave para mantener vivo el arte.